ATILIO BORON SOCIALISMO DEL SIGLO XXI PDF

Full text PDF Send by e-mail. The majority of these nations have included socialist and statist notions of Good Living in their political discourse. These individuals assume that alternative development is at the service of Good Living rather than positing that Good Living is an alternative to development. The vast majority of the assembly members from sodialismo ruling party, Alliance PAIS, were influenced by dependency theory.

Author:Akinojin Mauzshura
Country:Peru
Language:English (Spanish)
Genre:Video
Published (Last):7 December 2019
Pages:138
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E STUDIOS SOCIOLGICOS XVIII: 53, mercado de trabajo de los cientficos sociales que premia el conformismo y las actitudes pragmticas y realistas y castiga con el desempleo al espritu crtico y la inclinacin terica; d la deplorable gravitacin que ha adquirido el artificioso practicismo exigido por las ms importantes formas de financiamiento, lo que desnaturaliza la labor de los cientficos sociales, devenidos en incompetentes social workers a cuyo cargo supuestamente deberan encontrarse los sectores ms vulnerables y explotados de nuestras sociedades, y e por ltimo, las lamentables consecuencias que se desprenden del ciclo gi-go garbage in, garbage out resultante de las condiciones adversas en las que se realizan la investigacin y la docencia en el mbito de las ciencias sociales: presupuestos insuficientes, bajos salarios, urgencia por obtener los resultados, etc.

El talante antiterico de nuestra poca se advierte cuando se le compara con el esplendor europeo del siglo XIX, y del cual la obra de Henry S. Hughes brindara un fresco inolvidable Hughes, En los albores del siglo XX los nombres de Weber, Durkheim y Marx, a los que podra agregarse una larga lista de distinguidos tericos como Simmel, Toennies, Pareto, Freud, etc. Por el contrario, en fechas ms recientes se ha comprobado la desaparicin de lo que C. Wright Mills denominara la gran teora.

No slo la sntesis parsoniana se ha olvidado: las teoras alternativas que competan con ella no corrieron mejor suerte. Tambin de la obra de Pitirim Sorokin, cuya farragosidad y estril enciclopedismo fue condenada a desconocimiento prematuro; lo mismo ocurri con la teora de George Homans y Robert K.

En la ciencia poltica, una disciplina que en los ltimos treinta aos ha estado expuesta a la influencia de la economa neoclsica, la crisis terica origin la desaparicin de la tradicin de la filosofa poltica y de la huida hacia adelante en pos de una nueva piedra filosofal: los microfundamentos de la accin social. En uno y otro caso, tanto en la sociologa como en la ciencia poltica los resultados fueron decepcionantes. Las consecuencias de esta situacin se advierten en la progresiva marginacin en la enseanza de la teora social, tanto en las universidades del primer mundo como en las de los pases subdesarrollados.

El resultado de todo esto es que los jvenes doctorandos, cuya edad promedio ha descendido notablemente en los ltimos veinte aos, adquieren una pobrsima y sesgada formacin terica que difcilmente trasciende los lmites de los papers y libros publicados a partir de la dcada de los aos ochenta.

La mayora de ellos desconoce la obra de Smith, Ricardo y Marx, y slo excepcionalmente ha examinado algunos textos de figuras tales como Marshall, Jevons, Walras, Pigou y Robinson. Hasta el mismsimo Keynes, sin dejar de mencionar a Sraffa, est considerado como un monstruo antediluviano que poblaba el confuso y oscuro universo previo a la aparicin de la econometra. Para estos futuros econmetras, muchos de los cuales tendrn la decisiva importancia prctica como funcionarios de gobiernos, expertos de consultoras y grandes bancos transnacionales, o tcnicos de organismos tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, lo que se denomina teora no es otra cosa que el conjunto de ideas convencionales desarrolladas en los papers publicados por sus profesores si bien empaquetadas en teoremas hipermatematizados y que mantienen una remota relacin con los problemas reales de la economa.

Las quejas recurrentes de algunos empresarios y funcionarios gubernamentales acerca de la inutilidad de la teora econmica para predecir acontecimientos tales como el efecto Tequila a fines del ao y la del Sudeste Asitico de mediados de tan slo refirindose a dos de los ejemplos ms recientes muestran claramente las insalvables limitaciones de ciertos modelos tericos que histricamente persisten en la creencia de que su formulacin garantiza la importancia y profundidad de sus proposiciones.

Claro est que una situacin como la descrita no es slo privativa de la economa. Tambin se da en la sociologa y la ciencia poltica. En la primera el fin del estructural-funcionalismo y la teora elaborada por Talcott Parsons desde mediados de los aos treinta dej tras de s un inmenso vaco que an no ha sido cubierto. La gran teora, hecha a imagen y semejanza del capitalismo estadunidense de posguerra, exaltaba el consenso sobre los valores fundamentales que segn Parsons predominaba en los Estados Unidos durante los aos cincuenta, minimizaba sus tensiones y fracturas estructurales y postulaba, de una manera ingenua y conformista, un futuro concebido como la eterna prolongacin de tan idlico presente.

La historia de los Estados Unidos de Amrica en la segunda mitad de este siglo desech tales ilusiones. Lamentablemente la crisis de la teora hegemnica signific, simple y llanamente, dejar de lado toda pretensin de teorizar a la sociedad en su conjunto. Ante tal situacin la sociologa intent mantenerse en una autodestructiva ultraespecializacin que le permiti estudiar al rbol ignorando la presencia del bosque Wallerstein, En el mbito de la ciencia poltica la situacin no ha sido mejor.

Baste recordar el auge y la desaparicin de la llamada behavioral revolution y de los absurdos intentos, llevados a cabo por el terico David Easton, de expulsar del marco de la ciencia poltica los conceptos de poder y Estado, debido a su ineptitud para aprehender y mensurar con precisin los fenmenos de la vida poltica contempornea.

La famosa systems theory que, basada en los trabajos de Parsons, Easton hiciera en los aos cincuenta, no fue mejor que la de su inspirador. En aos ms recientes, Adam Przeworski certificaba la crisis y el desconcierto tericos de la ciencia poltica con su sorprendente incapacidad para anticipar acontecimientos tales como el fin de las democracias populares de Europa del Este. Segn Przeworski esto constituy un asombroso fracaso de la ciencia poltica, anlogo en su magnitud e implicaciones a la ineptitud de la teora econmica dominante para predecir algunos de los acontecimientos ms significativos de los ltimos aos Przeworski, Pese a ello en la ciencia poltica se ha persistido en una tendencia que parece suicida: por una parte, la asimilacin metodolgica de la economa neoclsica, reflejada en el auge de las teoras de la eleccin racional; por la otra, el abandono de una tradicin de reflexin filosficopoltica que tiene dos mil quinientos aos y que, a diferencia de las corrientes de pensamiento actuales, se ha caracterizado por su persistente focalizacin en torno a lo relevante y a lo significativo.

En sntesis: la construccin terica aparece cada vez con mayor frecuencia de manera ftil y superflua. Gnesis de la presente crisis Uno de los esfuerzos ms rigurosos y fecundos para diagnosticar la naturaleza de la crisis de las ciencias sociales a fines del siglo XX est en el llamado Informe Gulbenkian. Este trabajo fue la obra de un grupo de cientficos, seis de los cuales pertenecan al mbito de las ciencias sociales; otros dos procedan de las que con una terminologa un tanto obsoleta, segn lo prueba el propio Informe, podran denominarse ciencias duras; mientras que los dos restantes eran humanistas.

La direccin intelectual del proyecto la tena Immanuel Wallerstein. Dado que el Informe se refiere a algunos temas que son importantes para el argumento de este trabajo y que ha sido ampliamente difundido, se utiliza como punto de referencia bsico de la exposicin. Es preciso decir, antes que nada, que en lneas generales hay coincidencia con el diagnstico y, si bien con algunas reservas que sern expuestas ms adelante, con los aspectos propositivos del Informe.

Es importante sugerir la necesidad de precisar algunas ideas que no son relevantes en su redaccin y que eventualmente podran ser importantes para el desarrollo de la teora social en el siglo venidero. Simplificando un argumento que en el Informe se explica cuidadosamente, puede decirse que la gnesis del presente problema de las ciencias sociales se remonta a la crisis de un modelo de ciencia: aquel que se vino originando desde el siglo XVI y que cabra denominar como el paradigma newtoniano cartesiano.

El componente newtoniano aportaba una idea fundamental para la labor cientfica: el supuesto, por largo tiempo evidente e indiscutido, de que entre el pasado y el futuro exista una absoluta simetra. De este modo se podan establecer certezas imprescindibles para las nacientes ciencias de la naturaleza, puesto que todo el universo de la creacin pareca suspendido en un eterno e imperturbable presente, en espera del cientfico que llegase a develar sus secretos.

La visin cartesiana complementaba y reforzaba lo anterior al postular un dualismo insalvable entre el hombre y la naturaleza, entre la materia y el espritu, entre el mundo fsico y el espiritual. En el permetro definido por estas dos coordenadas habran de constituirse, siglos ms tarde, las ciencias sociales The Gulbenkian Commission, Este modelo de ciencia que sustent el desarrollo de las ciencias sociales desde el siglo XVIII est en crisis.

En efecto, el paradigma tradicional comenz a ser cuestionado desde los aos sesenta, si bien los orgenes de esta impugnacin tienen su origen a finales del siglo XIX. Dos innovaciones en las ciencias fsicas y matemticas son sealadas por el Informe Gulbenkian como de especial importancia por su impacto sobre las ciencias sociales: por una parte, la crisis de la epistemologa nomottica en el mbito de las ciencias duras; por otra, los recientes desarrollos tericos que en estas disciplinas acentuaron la importancia de la no linealidad sobre la linealidad, la complejidad sobre la simplificacin, la imposibilidad de aislar por completo al observador del fenmeno observado y, para ciertos matemticos, la superioridad de las interpretaciones cualitativas sobre la precisin cuantitativa.

Esta situacin no slo puso en crisis los supuestos de la teora social del mainstream y sus premisas epistemolgicas positivistas, sino que tambin contribuy a mermar los principios fundantes de la organizacin de las ciencias sociales, principalmente su fragmentacin en disciplinas independientes y compartimentalizadas y los criterios de su profesionalizacin. Los perfiles de esta crisis fueron sintetizados con precisin en la conferencia que Immanuel Wallerstein pronunciara en la sesin inaugural de este congreso.

Para Wallerstein la cultura de la sociologa, es decir, el conjunto de axiomas, premisas y supuestos de distinto tipo que estructuran a la sociologa como un saber especializado, se enfrenta hoy a seis problemticos que si bien no constituyen necesariamente verdades irrefutables plantean demandas crebles y verosmiles para que los acadmicos re-examinen sus premisas Wallerstein, El precio que podra tener que pagarse por ignorar estos desafos es demasiado elevado como para incurrir en actitudes autocomplacientes.

Brevemente, los desafos en cuestin se refieren a la incorporacin de la teora freudiana en el mbito de las ciencias sociales, la cuestin del eurocentrismo, la construccin social del tiempo Braudel , la cuestin de la complejidad Prigogine , el feminismo y, por ltimo, la modernidad. Es importante hacer nfasis hasta aqu, que la exhortacin que Wallerstein hace a los socilogos y la recomendacin que propone en el sentido de reconstruir una ciencia social que d fin a la artificial fragmentacin prevaleciente, debe ser estudiada y oda con mucha atencin por economistas y politlogos.

Sera una muestra de arrogancia irracional pretender que la autocrtica a la que invita Wallerstein carece de sentido en estas disciplinas. Slo un espritu increblemente obcecado y dogmtico podra negar la crisis de la economa neoclsica, que va hacia su eventual dilucin en una especie de tcnica contable carente de importancia y perspectivas.

Y no se trata tan slo de comprobar la diferencia entre la amplia visin sociolgica, histrica y filosfica, adems de econmica de Adam Smith, por ejemplo, con la de algunos de los premios Nbel de nuestros das, merecedores de tal distincin por haber pergeado artificiosas frmulas matemticas para disear instrumentos con los que los operadores financieros pueden estimar los precios de los junk bonds, los derivativos y las acciones en lo que algunos economistas respetuosos de la tradicin clsica denominan como casino capitalism.

No hace falta abundar ms: la decadencia de la teora econmica se comprueba simplemente contrastando los artculos publicados en la American Economic Review hace cincuenta aos, cuando los economistas todava se ocupaban, como Joseph A. Por ejemplo, complejos razonamientos formalizados y modelizados para entender por qu la tasa de ahorro es tan baja en los pases subdesarrollados, en los que el prolijo manejo de tres o cuatro variables cuantitativas muestra el hecho de que aproximadamente la mitad de la poblacin mundial sobrevive con ingresos equivalentes a un dlar estadunidense por da, con lo cual pese a los consejos de los economistas neoclsicos las posibilidades de decidir cmo y en qu ahorrar y dnde invertir desaparecen sin ser tomadas en cuenta.

Cuando alguno de los presentes le record que debido a la sobrevaluacin de la moneda local el costo de vida en Argentina era similar al de los Estados Unidos y que ninguna persona poda vivir con cien dlares mensuales, la respuesta del sabio fue terminante: la economa como ciencia nada tiene que decir acerca de cunto dinero necesita un trabajador para vivir. No es necesario dar ms ejemplos para advertir la necesidad de que la economa debe tomar en cuenta las sugerencias de Wallerstein.

El panorama no es bueno si se observa el caso de la ciencia poltica, en la que los alcances de la crisis terica han llegado a ser agobiantes. Esto es cierto debido a dos razones que deben ser distinguidas pero que se encuentran interrelacionadas. Primero, por tratarse de una disciplina que cuenta con una importante y fecunda tradicin de discurso de dos mil quinientos aos de antigedad, pero que en estos momentos se encuentra situada en los mrgenes de la profesin.

Las causas de esta involucin son muchas y diversas, lo que impide examinarlas detalladamente. El auge del behavioralismo fue, sin duda, uno de los factores. La filosofa poltica contribuy asimismo a su decadencia, al no considerar en su mbito ningn vestigio de pensamiento crtico y resignarse a ser una tediosa y superflua legitimacin de las instituciones polticas de la sociedad capitalista, algo que los iniciadores del behavioralismo hacan con mayor conviccin y con un lenguaje ms adecuado a las exigencias de la poca.

Segundo, porque la ciencia poltica constituye en el campo de las ciencias sociales el caso ms redituable de colonizacin de una disciplina basada en la metodologa propia de la economa neoclsica.

Ni en la sociologa ni en la antropologa, la historia o la geografa, el paradigma de la eleccin racional y el individualismo metodolgico ha logrado el grado formidable de hegemona que detenta en la ciencia pol- E STUDIOS SOCIOLGICOS XVIII: 53, tica, en sus ms variadas especialidades, con las consecuencias ya conocidas: prdida de relevancia de la reflexin terica, creciente distanciamiento de la realidad poltica, esterilidad propositiva.

Una ciencia poltica que muy poco tiene que decir acerca de los problemas que realmente importan y que, para colmo, es incapaz llevar a cabo la bsqueda de una buena sociedad.

La crisis terica, en consecuencia, es muy grave. De lo que se trata, entonces, es de superar esta situacin. Pero antes es importante examinar otra cuestin. La sensibilidad posmoderna y la rebelin antiterica La crisis terica de las ciencias sociales se debe tambin a otros factores.

En efecto, el debilitamiento del paradigma newtoniano cartesiano no necesariamente habra tenido que causar una situacin como la actual si dicho proceso no hubiese confluido con otro, analticamente distinto pero fuertemente relacionado: el auge del posmodernismo como una forma de sensibilidad, o como un sentido comn en la acepcin gramsciana del trmino.

En otro trabajo acerca de lo sealado, Jameson ha definido al posmodernismo como la lgica cultural del capitalismo tardo, sealando de este modo la semejanza existente entre el posmodernismo como forma de reflexin, canon esttico y formas de sensibilidad, as como la envolvente y vertiginosa dinmica del capitalismo globalizado Jameson, Las teoras posmodernas, mltiples y, en ocasiones, contradictorias entre s, comparten, pese a ello, algunos supuestos bsicos.

Es importante hacer nfasis, antes que nada, en el rechazo al universalismo propio de la Ilustracin, que se expresa en su rechazo a cualquier concepcin de trminos tales como verdad, razn y ciencia Morrow y Torres Tal como lo planteara David Ford, en un excelente trabajo Los conceptos actuales de racionalidad y conocimiento enfatizan la variabilidad histrica y cultural, la falibilidad, la imposibilidad de ir ms all del lenguaje y alcanzar la realidad, la naturaleza fragmentaria y particular de toda comprensin, la penetrante corrupcin del conocimiento por el poder y la dominacin, la futilidad de toda bsqueda de fundamentos seguros y la necesidad de un enfoque pragmtico para enfrentar estas cuestiones Ford, Dado que estos textos contienen paradojas y contradicciones de todo tipo, se est ante el hecho de que su verdad es indecidible, teniendo como consecuencia el ultrarrelativismo del pensamiento posmoderno.

No es necesario insistir acerca del hecho de que este ataque radical a la nocin misma de verdad implica una fuerte crtica a toda concepcin de la filosofa como un saber comprometido con su bsqueda, el sentido, la realidad o cualquier propsito tico como la buena vida, la felicidad o la libertad. Es por esto que Christopher Norris seal que, el posmodernismo termina instaurando una indiferencia terminal con respecto a los asuntos de verdad y falsedad Norris, en la medida en que lo real es entendido como un gigantesco y caleidoscpico simulacro que torna ftil y estpido cualquier intento de establecer lo que Nicols Maquiavelo llamaba la verit effetuale delle cose, es decir, la verdad efectiva de las cosas.

Lo que delimitaba la realidad de la fantasa, as como lo que separaba la ficcin de lo efectivamente existente, se desvaneci por completo con la marea posmodernista. Para la sensibilidad posmoderna, en cambio, la realidad no es otra cosa que la combinacin de juegos de lenguaje, una descontrolada proliferacin de signos sin referentes, as como ilusiones, resistentes a cualquier tentativa de la razn encaminada a mostrar sus contenidos mistificadores y fetichizantes.

Como seala Norris, la obra de Jean Baudrillard llev hasta sus ltimas consecuencias el irracionalismo posmoderno: no nos es posible saber si realmente la Guerra del Golfo tuvo lugar o no, deca Baudrillard, mientras las bombas caan sobre Bagdad Norris, Siendo la realidad, en consecuencia, un fenmeno puramente discursivo, un producto de los variados cdigos, convenciones, juegos de lenguaje o sistemas significantes que proporcionan los nicos medios de interpretar la experiencia desde una perspectiva socio-cultural dada Norris, Recapitulando: si la crisis paradigmtica del pensamiento cientfico puso en duda la validez de las premisas newtonianas cartesianas, el nihilismo e irracionalismo posmoderno agrav considerablemente las cosas toda vez que ante la incertidumbre de la primera, la nica escapatoria que propone el segundo es la renuncia a toda pretensin de desarrollar una teora cientfica de lo social.

Quienes estn de acuerdo con esta perspectiva, cuyas connotaciones autocomplacientes y conservadoras no pueden ser inadvertidas por nadie, se basan en un solipsismo metafsico que se desentiende por completo de interpretar rigurosamente al mundo y, con ms nfasis todava, de cambiarlo. La famosa Tesis Onceava de Marx qued as, para estos autores, definitivamente archivada. Lo dicho anteriormente implica pensar radicalmente, es decir, desde su base terica, las razones del actual malestar en el mbito de las ciencias sociales.

As, es pertinente cuestionar el supuesto que generalmente es soslayado en buena parte de los anlisis dedicados a este tema. En realidad, las ciencias sociales no slo deben ser enunciadas en plural debido a la multiplicidad de disciplinas que las componen, sino tambin debido a que stas no se constituyen igual en los diferentes planteamientos terico metodolgicos.

Hay unas ciencias sociales que se basan en las premisas del empirismo positivista y que llevan a la constitucin de la sociologa, la ciencia poltica, la economa, la antropologa y la historia como saberes individuales y compartimentalizados; pero hay otra visin de las ciencias sociales, la del materialismo histrico, que propone lo que siguiendo una expresin de Albert Hirschman importante economista de nuestra poca, ajeno a los desvaros de su profesin denominaba el arte de traspasar fronteras.

De eso se trata, precisamente: de traspasar las artificiales fronteras erigidas entre las distintas disciplinas. Porque, al hacer memoria: Qu era Weber? Wallerstein menciona, en el trabajo ya citado, que el autor de La tica protestante y el espritu del capitalismo era renuente a llamarse a s mismo socilogo, y que durante la mayor parte de su vida acadmica prefiri autoidentificarse como economista poltico Wallerstein, 6.

Pero, quin osara negarle a Weber ttulos como socilogo, o politlogo? Y su Historia econmica general, en qu disciplina debe ser colocada? Y qu podra hacerse con el sesgo fuertemente antropolgico de su ya clsico estudio acerca de las religiones antiguas: el Judasmo, el Hindusmo y el Budismo? Por ltimo: alguien se atrevera a expulsar a Weber del debate poltico econmico alemn a la vuelta del siglo?

Y qu podra decirse de Marx? Sin duda su obra est entre la de los fundadores de la economa. Ms all de las irrefutables pruebas que se derivan del anlisis de sus principales escritos, enfocados en la crtica de la economa poltica, existen varios detalles tal vez simples, anecdticos o circunstanciales que as lo muestran.

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