MAL DE ALTURA KRAKAUER PDF

Enero Totalmente recomendable. Subir y no bajar. Sencillamente brillante. Diciembre Delgado G.

Author:Moogurn Kajilkis
Country:Mauritania
Language:English (Spanish)
Genre:Art
Published (Last):28 August 2018
Pages:308
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ISBN:313-1-29657-648-3
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Jim Litch EE. Larry Silver dem Dra. La verdad, por supuesto, radica en el hecho de que a partir de los 7. No, no es extraordinario que el Everest se resistiera a los primeros intentos de conquista; en efecto, lo contrario habra sido sorprendente y no poco triste, pues no es se el estilo de las grandes montaas.

Quizs; en esta era de conquistas mecnicas nos habamos vuelto un poco arrogantes con la flamante tecnologa de ganchos para hielo y zapatillas de goma. Habamos olvidado que la montaa sigue reservndose la carta definitiva, y que slo concede el xito cuando as le conviene. Por qu, si no, sigue siendo fascinante el montaismo? Eric Shipton, en Upon that Mountain Encaramado a la cima del mundo, con un pie en China y el otro en Nepal, limpi de hielo mi mscara de oxgeno, encorv la espalda al viento y contempl, abstrado, la enorme extensin de Tbet.

De un modo difuso, con cierto distanciamiento, comprend que el paisaje que se extenda debajo de m presentaba una vista espectacular. Haba fantaseado mucho sobre ese momento y la oleada de emociones que lo acompaara. Pero ahora que por fin estaba all, literalmente de pie en la cima del Everest, no tena fuerzas para pensar en ello. Era el 10 de mayo de , a primera hora de la tarde. Haca cincuenta y siete horas que no dorma. La nica comida que haba sido capaz de tragar en los tres das precedentes era un bol de sopa de ramen y un puado de cacahuetes.

Semanas tosiendo con violencia me haban dejado dos costillas separadas que convertan en un tormento el mero hecho de respirar. En aquellas circunstancias, poca cosa poda sentir a excepcin de fro y cansancio.

Haba coronado pocos minutos despus de Anatoli Bukreev, un gua de montaa ruso que trabajaba para una expedicin comercial estadounidense, y justo antes de Andy Harris, un gua neozelands del equipo al que yo perteneca.

Aunque apenas conoca a Boukreev, a Harris s haba tenido oportunidad de tratarlo en las seis semanas anteriores. Saqu cuatro instantneas de Harris y Bukreev haciendo poses en la cumbre, di media vuelta y empec a bajar. Mi reloj marcaba las En total, haba estado menos de cinco minutos en la cima del mundo Pocos momentos despus me detuve a hacer otra fotografa, esta vez mirando hacia la arista Sureste, la ruta por la que habamos ascendido.

Mientras enfocaba a dos escaladores que se aproximaban a la cima, advert algo que hasta entonces me haba pasado por alto. Hacia el sur, all donde una hora antes el cielo haba estado absolutamente despejado, un manto de nubes ocultaba ahora el Pumori, el Ama Dablam y los otros picos menores que rodean el Everest. Tiempo despus despus de haber localizado seis cuerpos, despus de que los cirujanos amputaran la mano derecha gangrenada de mi compaero Beck Weathers la gente se preguntaba por qu, si el tiempo haba empezado a empeorar, los alpinistas no haban hecho el menor caso.

Por qu unos guas avezados siguieron ascendiendo, empujando a una manada de deportistas relativamente inexpertos cada uno de los cuales haba pagado hasta Nadie puede hablar por los dos jefes de las expediciones implicadas en el episodio, porque ambos estn muertos, pero estoy en condiciones de asegurar que en la tarde del 10 de mayo nada sugera que se avecinara una brutal tempestad.

Mi mente, escasa de oxgeno, registr las nubes que sobrevolaban el gran valle de hielo del Cwm Occidental como inocuas, tenues, insustanciales. Bajo el brillante sol del medioda, se asemejaban a los inofensivos vapores de condensacin por conveccin que casi cada tarde se formaban en el valle.

Era preciso bajar, y rpido. El tramo superior de la arista Sureste forma una estrecha aleta de roca y nieve azotada por el viento que serpentea durante medio kilmetro entre la cumbre y un pico secundario conocido como Antecima o cima Sur.

Salvar ese picacho en forma de arista no presenta grandes obstculos tcnicos, pero la ruta es terriblemente peligrosa. Tras abandonar la cumbre, tard quince minutos de cautelosa andadura al borde del abismo hasta llegar al famoso escaln Hillary, una lisa pared de roca de unos doce metros que requiere cierto dominio tcnico. Mientras me sujetaba a la cuerda fija y me dispona a rapelar sobre el borde del escaln, me percat de un alarmante espectculo.

Nueve metros ms abajo, en la base del escaln, haba una cola de ms de una docena de personas. Tres escaladores haban empezado ya a subir por la cuerda que yo me dispona a utilizar para el descenso. Slo me quedaba una opcin: desengancharme de la va de seguridad y hacerme a un lado. El atasco lo formaban alpinistas de tres expediciones: el equipo al que perteneca yo, clientes de pago dirigidos por el consagrado gua neozelands Rob Hall; otro grupo, encabezado por el gua estadounidense Scott Fischer y un equipo taiwans no comercial.

Al paso de tortuga que es de rigor por encima de los 7. Harris, que haba dejado la cima poco despus de hacerlo yo, lleg enseguida a mi altura. Como mi intencin era conservar el poco oxgeno que me quedaba en la botella, le ped que metiese la mano en la mochila y cerrara la vlvula de mi regulador.

As lo hizo. En los diez minutos que siguieron me encontr sorprendentemente bien, con la cabeza despejada y la sensacin de estar menos cansado que con la vlvula abierta.

Entonces, sin previo aviso, not que me asfixiaba. Empec a ver borroso, la cabeza me daba vueltas. Estaba a un paso de perder el conocimiento. En lugar de cerrar el oxgeno, Harris, afectado por la hipoxia, haba abierto la vlvula al mximo, agotando as el contenido de la botella. Sin moverme del sitio, haba consumido el oxgeno que me quedaba. En la cima Sur, setenta y cinco metros ms abajo, me esperaba otra botella, pero para llegar all tendra que descender por el terreno ms expuesto de toda la ruta sin el beneficio del oxgeno adicional.

Y primero debera esperar a que pasase aquella turba. Me quit la ya inservible mscara, clav el piolet en el helado pellejo de la montaa y me agach a la espera. Mientras cambiaba triviales felicitaciones con los que iban pasando, por dentro pensaba, exasperado: Daos prisa, joder, daos prisa! Mi cerebro est perdiendo millones de clulas!.

El grueso de los montaeros perteneca al grupo de Fischer, pero hacia el final de la cola vi llegar a dos compaeros mos, Rob Hall y Yasuko Namba. Recatada y tmida, Namba estaba a cuarenta minutos de convertirse, a sus cuarenta y siete aos, en la mujer de ms edad en conquistar el Everest y la segunda japonesa en escalar el pico ms alto de cada continente, las llamadas Siete Cimas.

Aunque slo pesaba cuarenta kilos, su figura de gorrin disimulaba una firmeza formidable; en gran medida, lo que impulsaba a Yasuko montaa arriba era la inquebrantable intensidad de su afn. Ms rezagado, apareci Hansen. Miembro tambin de nuestra expedicin, Doug Hansen era un empleado de Correos de Seattle con el que haba establecido una gran amistad durante la ascensin. Est chupado! Doug murmur detrs de su mscara de oxgeno algo que no llegu a entender, me estrech dbilmente la mano y continu su penosa ascensin.

Cerraba la fila Scott Fischer, a quien yo conoca casualmente de Seattle, ciudad en la que ambos residamos. La fortaleza y el empuje de Fischer eran legendarios en haba subido al Everest sin oxgeno , as que me extra verlo avanzar tan despacio y su aspecto tan agotado cuando por un instante se quit la mscara para saludar.

Le pregunt cmo estaba y Fischer fingi que bien: Parece que hoy me cuesta arrastrar el culo, no s por qu; pero no es nada. Despejado por fin el escaln Hillary, me enganch a la cuerda anaranjada, dej a Fischer agachado sobre su piolet y baj repelando por el paso.

Eran ms de las tres cuando llegu a la Antecima. Unos girones de niebla se desplazaban ya sobre la cumbre del Lhotse, a 8. El tiempo haba dejado de ser benigno. Consegu una nueva botella de oxgeno, la conect a mi regulador y empec a bajar por entre las nubes. Poco despus de abandonar la cima Sur empez a nevar y la visibilidad se redujo a cero. Ciento veinte metros ms arriba, donde la cumbre segua baada por el sol bajo un impoluto cielo azul cobalto, mis colegas perdan el tiempo posando para la posteridad en el pice del planeta, desplegando banderas, sacando fotos, demorndose.

Ninguno de ellos imaginaba la terrible experiencia que estaban a punto de vivir. Nadie sospechaba que hacia el fin de aquel largo da, cada minuto iba a ser decisivo.

Era una reproduccin malsima donde los serrados picos emergan blancos contra un cielo grotescamente renegrido. El Everest, al fondo de los primeros picos, ni siquiera pareca ms alto, pero daba igual. Lo era: as lo deca la leyenda.

Los sueos eran la clave que permita al muchacho acceder a la fotografa, pisar la ventosa cresta, subir hacia la cumbre, cada vez ms cercana Se trataba de uno de esos sueos desinhibidos que se emancipan al llegar a la madurez. Estaba seguro de que el mo era un sueo compartido; el punto ms alto de la tierra, el inalcanzable Everest, ajeno a toda experiencia, estaba all para que chicos y grandes codiciaran escalarlo.

Thomas E. Hornbein Everest: The West Ridge El acrecentamiento del mito ha oscurecido los pormenores del evento. Pero corra el ao y el escenario fueron las oficinas del Servicio de Topografa Trigonomtrica de la India colonial en la estacin de Dehra Dun.

Segn la versin ms verosmil, un empleado entr corriendo en las dependencias de sir Andrew Waugh, topgrafo general de India, exclamando que un agrimensor bengal llamado Radhanath Sijdar, que trabajaba en el gabinete topogrfico de Calcuta, haba descubierto la montaa ms alta del mundo.

Designada tres aos atrs con el nombre de Pico XV por los primeros topgrafos que haban medido sobre el terreno su ngulo de elevacin con un teodolito de 24 pulgadas, la montaa en cuestin se destacaba del espinazo himalayo en pleno reino prohibido de Nepal. Hasta que Sijdar compil las mediciones e hizo los clculos trigonomtricos, nadie haba sospechado que el Pico XV tuviera nada de especial.

Los seis emplazamientos desde los que se haba triangulado la cumbre se hallaban en el norte de India, a ms de ciento cincuenta kilmetros de la montaa. Para los topgrafos que realizaron los primeros clculos, el Pico XV a excepcin de su cspide propiamente dicha, quedaba velado en primer plano por varias montaas que daban la impresin de ser mucho ms altas.

Pero conforme a los meticulosos clculos trigonomtricos de Sijdar que tuvo en cuenta factores como la curvatura de la Tierra, la refraccin atmosfrica y la desviacin de la plomada , el Pico XV meda 8.

En , nueve aos despus de que los clculos de Sijdar fueran confirmados, Waugh puso el nombre de monte Everest al Pico XV en honor de sir George Everest, su predecesor como topgrafo general. De hecho, los tibetanos que vivan al norte de la gran montaa ya le haban dado un nombre bastante ms melifluo, Yomolungma, que significa diosa-madre del mundo, y los nepaleses que vivan al sur lo llamaban Sagarmatha, o diosa del cielo.

Pero Waugh decidi hacer caso omiso de esos apelativos indgenas as como de la poltica oficial tendente a fomentar la conservacin de nombres locales o antiguos y en Everest se qued. Refrendado el Everest como cima ms alta de la Tierra, slo era cuestin de tiempo el que alguien decidiese que era preciso escalar ese pico. Despus de que el explorador estadounidense Robert Peary afirmara haber alcanzado el Polo Norte en y que Roald Amundsen guiase una expedicin noruega al Polo Sur en , el Everest el llamado Tercer Polo se convirti en el ms codiciado objeto de la exploracin terrestre.

Coronar su cima, proclamaba Gunther O. Dyrenfurth, un influyente alpinista y pionero del montaismo himalayo, era un empeo de carcter universal, una causa que no contempla volverse atrs por ms prdidas que pueda exigir. Prdidas, dicho sea de paso, que no seran insignificantes. A partir del descubrimiento de Sijdar en , haran falta las vidas de veinticuatro hombres, los esfuerzos de quince expediciones y el paso de aos para que el ser humano pusiera el pie en la cumbre del Everest.

Entre montaeros y otros conocedores de las formas geolgicas, el Everest no est considerado un pico particularmente bonito.

Demasiado rechoncho, demasiado ancho de manga. Pero lo que le falta en gracia arquitectnica, lo compensa con su grandiosidad. Frontera natural entre Nepal y Tbet, erguido a ms de tres mil seiscientos metros sobre los valles, el Everest es una pirmide triangular de hielo resplandeciente y roca estriada y oscura.

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